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El poste

Hay un poste en el centro del campo, podrías prestar atención y descubrir en estas líneas qué hace allí, quién se tomó el trabajo de arrastrarlo hasta el centro del campo y enterrarlo en la tierra mojada por una breve lluvia de verano. En ese lugar la muerte giró en círculos y dejó una aureola de polvo donde el pasto es incapaz de brotar. Hay un camino de hormigas, hay pájaros que se posan en la cima del poste, pero el día que lo encontré había soledad.
Nunca nos disfrazamos, preferimos hacerlo con la cara descubierta. Pero ese día el hombre llamado Ricardo quiso que el ritual se escribiera con tinta de misterio, bolsas de arpilleras en nuestra cabeza y una copia de un libro censurado.
La víctima salió de su casa a las 07:00 de la mañana, llevaba puesto una campera azul, pantalón de jean y championes blancos. Su familia perdió contacto sobre las 14:00 hrs.
Esa tarde sonó el teléfono. Tenía 14 llamadas perdidas en el celular.
El hombre llamado Ricardo planificó todo la semana antes, me com…
Entradas recientes

Los díaz de la semana

Mario Díaz venía de Burgos. Sus padres lo habían puesto en un barco hacía Chile donde su hermano mayor estaba trabajando en una mina de cobre. Sin embargo, al ver el puerto de Montevideo, recorrer algunos pocos teatros y descubrir la tranquilidad misteriosa y segura de esta pequeña ciudad, decidió quedarse. Fundó la librería "El Campeador" que estaba por la calle Mercedes, él tenía muy buena memoria y sabía elegir a sus amigos, pidió algunos préstamos y luego de evaluar la conducta de consumo ciudadana, los riesgos y beneficios, optó por los libros. Los montevideanos parecían ávidos de novedades editoriales, así que una vez más, acudió a sus amigos que viajaban a Europa para que volvieran con libros de las principales casas editoriales de Paris, Madrid, Lisboa, Milán. Comenzó a construir una clientela estable, él sabía complacerles muy bien, recordaba los títulos que había adquirido cada uno de sus clientes. Era hábil, sabía conectar a un libro con un cliente. Mario murió de…

Los Permanentes

A Ajovita Fleitas
Dice ella: Esa mañana papá se había ido temprano, volvió tarde. Su cara parecía gris, nunca lo había visto así. Comencé a dar vueltas alrededor de la cama, la rodeaba como un animal preso, los ojos se me llenaron de lágrimas, se nublaron. Tenía 5 años y mi madre se había muerto.
Dicen: Hablamos mucho, a veces dábamos vuelta a los mismos temas, repetía los mismos refranes que en algún momento se había aprendido de memoria, citaba a su padre como si él siempre tuviera una frase preparada para lo que le tocaba vivir.  No recuerdo el momento, solo cuando se la llevaron en ambulancia. Imagino que la hicieron pasar a una sala a esperar su diagnóstico, espero sentada en un asiento frío, sus manos sudadas, sacudiendo las piernas, el escritorio lleno de papeles, la sala con diplomas colgados en las paredes. Imagino que el doctor llegó con una túnica blanca, se sentó detrás de su escritorio y mientras ella temblaba y se aferraba a su cartera, él le dijo que lo suyo era permanente, …

Lunes: DÍA I

A Fede de los Santos
Mirarse en el espejo. Afeitarse las sombras de la barba. Sumergir el rostro en agua tibia. Lavar dientes, encías, lengua. Peinarse. Volver al espejo. Vestirse: elegir otro pantalón, distinto al de ayer. Vestirse: elegir otra camisa, distinta a la de ayer. Vestirse y salir. Caminar hasta la esquina. Esperar el bus. Esperar el bus. Esperar el bus. Tomar el bus. Pagar el boleto. Sentarse junto a la ventanilla. Mirar, reconocer y recordar. Bajarse. Caminar hasta el trabajo. Marcar tarjeta. Saludar. Ocupar un puesto. Mirar el reloj. Trabajar. Hablar demasiado con clientes, jefes, compañeros, máquinas, teléfonos celulares, cigarros, cafés, relojes lentos. Descansar. Almorzar. Masticar. Digerir y volver a trabajar. Fin. Otro turno cubriendo las espaldas. Saludar. Marcar tarjeta. Regresar. En la calle aún huelo a ocho horas. El teléfono celular huele a 24 horas. Perderme en tiendas. Comprar lo necesario. Prioridades: todo es necesario. Lo inútil no tiene intenciones de existir.…

Los días de la semana

Terror B en el autocine

Gritos, sombras, bosques y un par de pechos desgarrados
la niebla susurra sobre el piso el nombre del peligro.
Un poco más de gritos, rubias, rubios e incrédulos,
idiotas confiados en su valentía.
Pasa tu vida tan lento, como un caracol trepando por la pared,
sin embargo nadie te alcanza.
Gritas, te escondes y miras atrás hasta la tortícolis,
pero solo hay susurro, ignorancia y miseria.
Nadie te alcanza
nadie quiere alcanzarte
aunque pienses que te siguen
nadie quiere alcanzarte.

En un película de terror B serías el primero en morir,
tu corazón dejaría de latir tan rápido,
cobrarías un sueldo de mierda por bañarte en tripas y sangre dulce.
El asesino te aplastaría en la frente un cuchillo retráctil,
escupirías un buche de agua azucarada,
caerías lentamente al piso mientras todos te miran,
te prestarían atención,
sentirían tu dolor, verían dentro de tus tripas de algodón y poliester.
FRENA, estás liquidado.
Duerme, cierra tus ojos hasta que el asesino salga de cuadro
y el director pida…

Las ventajas de tener solo una camisa

Papá pasaba mucho tiempo en las minas
Mamá danzaba en el comedor mientras el polvo entraba por la ventana
Con mis hermanas nos prestábamos vestidos
con mi hermano jugábamos a incendiar cabañas
Eramos felices en el bosque,
comíamos lo que otros olvidaban,
nos vestíamos con una sola camisa
pero el amor era todo
todo lo que nos podían dejar

Cuando nos mudamos a la ciudad
mi madre me dijo: debes buscar una mujer que te haga feliz
aunque ya lo fuera con mis hermanos, el bosque y las cabañas ardiendo.
Me encontré un ángel que no creía en dios,
le di tanto vino que me juró ser alcohólica por el resto de sus días
Nos casamos en la ciudad, un trece de agosto
tuvimos cuatro hijos y nos mudamos al bosque.
A mis hijos les enseñé a danzar como su abuela,
compartir los vestidos de su madre y disfrutar
de incendiar cabañas,
de leer los poemas que descarta el diablo
de buscar ángeles caídos que no crean en dios.
Les enseñé a disfrutar las ventajas de tener una sola camisa.
Y ellos fueron pájaros...qu…