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Entradas

Los Permanentes

A Ajovita Fleitas
Dice ella: Esa mañana papá se había ido temprano, volvió tarde. Su cara parecía gris, nunca lo había visto así. Comencé a dar vueltas alrededor de la cama, la rodeaba como un animal preso, los ojos se me llenaron de lágrimas, se nublaron. Tenía 5 años y mi madre se había muerto.
Dicen: Hablamos mucho, a veces dábamos vuelta a los mismos temas, repetía los mismos refranes que en algún momento se había aprendido de memoria, citaba a su padre como si él siempre tuviera una frase preparada para lo que le tocaba vivir.  No recuerdo el momento, solo cuando se la llevaron en ambulancia. Imagino que la hicieron pasar a una sala a esperar su diagnóstico, espero sentada en un asiento frío, sus manos sudadas, sacudiendo las piernas, el escritorio lleno de papeles, la sala con diplomas colgados en las paredes. Imagino que el doctor llegó con una túnica blanca, se sentó detrás de su escritorio y mientras ella temblaba y se aferraba a su cartera, él le dijo que lo suyo era permanente, …
Entradas recientes

Lunes: DÍA I

A Fede de los Santos
Mirarse en el espejo. Afeitarse las sombras de la barba. Sumergir el rostro en agua tibia. Lavar dientes, encías, lengua. Peinarse. Volver al espejo. Vestirse: elegir otro pantalón, distinto al de ayer. Vestirse: elegir otra camisa, distinta a la de ayer. Vestirse y salir. Caminar hasta la esquina. Esperar el bus. Esperar el bus. Esperar el bus. Tomar el bus. Pagar el boleto. Sentarse junto a la ventanilla. Mirar, reconocer y recordar. Bajarse. Caminar hasta el trabajo. Marcar tarjeta. Saludar. Ocupar un puesto. Mirar el reloj. Trabajar. Hablar demasiado con clientes, jefes, compañeros, máquinas, teléfonos celulares, cigarros, cafés, relojes lentos. Descansar. Almorzar. Masticar. Digerir y volver a trabajar. Fin. Otro turno cubriendo las espaldas. Saludar. Marcar tarjeta. Regresar. En la calle aún huelo a ocho horas. El teléfono celular huele a 24 horas. Perderme en tiendas. Comprar lo necesario. Prioridades: todo es necesario. Lo inútil no tiene intenciones de existir.…

Los días de la semana

Lunes: Día 1Los permanentesLos Díaz de la semanaEl posteUn lugar perfectoEl balnearioEl suicidio del Domingo

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Terror B en el autocine

Gritos, sombras, bosques y un par de pechos desgarrados
la niebla susurra sobre el piso el nombre del peligro.
Un poco más de gritos, rubias, rubios e incrédulos,
idiotas confiados en su valentía.
Pasa tu vida tan lento, como un caracol trepando por la pared,
sin embargo nadie te alcanza.
Gritas, te escondes y miras atrás hasta la tortícolis,
pero solo hay susurro, ignorancia y miseria.
Nadie te alcanza
nadie quiere alcanzarte
aunque pienses que te siguen
nadie quiere alcanzarte.

En un película de terror B serías el primero en morir,
tu corazón dejaría de latir tan rápido,
cobrarías un sueldo de mierda por bañarte en tripas y sangre dulce.
El asesino te aplastaría en la frente un cuchillo retráctil,
escupirías un buche de agua azucarada,
caerías lentamente al piso mientras todos te miran,
te prestarían atención,
sentirían tu dolor, verían dentro de tus tripas de algodón y poliester.
FRENA, estás liquidado.
Duerme, cierra tus ojos hasta que el asesino salga de cuadro
y el director pida…

Las ventajas de tener solo una camisa

Papá pasaba mucho tiempo en las minas
Mamá danzaba en el comedor mientras el polvo entraba por la ventana
Con mis hermanas nos prestábamos vestidos
con mi hermano jugábamos a incendiar cabañas
Eramos felices en el bosque,
comíamos lo que otros olvidaban,
nos vestíamos con una sola camisa
pero el amor era todo
todo lo que nos podían dejar

Cuando nos mudamos a la ciudad
mi madre me dijo: debes buscar una mujer que te haga feliz
aunque ya lo fuera con mis hermanos, el bosque y las cabañas ardiendo.
Me encontré un ángel que no creía en dios,
le di tanto vino que me juró ser alcohólica por el resto de sus días
Nos casamos en la ciudad, un trece de agosto
tuvimos cuatro hijos y nos mudamos al bosque.
A mis hijos les enseñé a danzar como su abuela,
compartir los vestidos de su madre y disfrutar
de incendiar cabañas,
de leer los poemas que descarta el diablo
de buscar ángeles caídos que no crean en dios.
Les enseñé a disfrutar las ventajas de tener una sola camisa.
Y ellos fueron pájaros...qu…

El carnaval de los poetas zombies

Los discursos largos aburren
dijo una señora que aparentaba menos de veinte años,
Los labios rojos, rimel, sombra violeta
un vestido a lunares rojos y campera de cuero.
Esas preguntas pueden incomodar a cualquiera
dijo un señor que aparentaba menos de veintidós años,
mientras contábamos hasta diez, de espaldas a la calle,
él no corría a esconderse, pensaba en guerras,
hacer dinero por internet, solteras en la zona de Montevideo.

La muerte es silenciosa,
un día el ejercito rojo decide quemar tus libros,
todos tus discos.
Un día nadie quiere quemar tus libros, no se ensucian
la yema de los dedos con el polvo de tus discos.
La muerte madruga por esencia,
se viste en punta de pies y sale del cuarto sin hacer ruido.
No matan los profetas, los que condenan a los poetas,
los que condenan a los cantantes,
a los policías alcohólicos.
No matan a Montevideo, ni gris, ni perezoso;
los jubilados que toman mate en la vereda,
las vasectomías, los abortos espontáneos.

La muerte es silenciosa, ignorad…

Cuando Anibal aprendió a tocar la guitarra

No hay tiempo
las ramas de la enredadera se secaron.
No hay tiempo
para que empecemos a morir de amor.
El cielo nos vigila
No volveremos a estar solos.
Nos besaremos por largo tiempo,
nos extrañaremos mientras nuestras sombras se encandilan con la penumbra.

A todas ellas las conocimos en un retiro,
había llovido ese día y la leña estaba mojada.
Nos abrigamos con la piel de un traidor
y mientras soplábamos nuestra sopa
de las montañas bajaban cantaros secos.

No hay tiempo
la tierra se volvió a secar.
No hay tiempo
para que empecemos a vivir las mentiras de este mundo.
El cielo nos vigila
Volveremos solos y derrotados
Nos llenaremos de recuerdos amargos,
nos beberemos todo el vino que derraman las bestias en la penumbra.

A todos ellos los conocimos en casa de Diego,
las paredes tenían humedad y el piso era de arena,
en la sala principal un sauce buscaba romper el techo de concreto.
Nos sentamos cerca,
nos destapamos el pecho mientras Anibal cantaba una canción.
Comimos nuestras lagrimas