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Entradas

El balneario

Lo primero, ella siempre leía los prólogos de los libros y cuando llegaba al primer capítulo, leía un par de páginas y enseguida abandonaba la lectura. Entonces uno podía pasarse hablando sobre la influencia de Darío en Herrera, los puntos de contacto entre Poe y Quiroga, la cercanía entre Cabrera y Onetti, y ella opinaba con categoría y admirable acierto a pesar de no haberlos leído nunca, mejor dicho, habiendo leído solamente a sus prologuistas. Lo segundo, la forma de herir a un escritor es evidente, ella escribió ese texto una tarde de lluvia, después de diez años, para matarme y hacerme desaparecer. Dijo sus verdades, que se las guardó bastante bien y, obviamente, no fue capaz de enviarme el primer borrador. No iba a sugerirle que censurara ninguna oración, pero si su plan era destrozarme anónimamente en un relato, le hubiera pedido que usara algunos sinónimos menos caricaturezcos, un poco más atinados y maduros. Al fin al cabo, uno es lo que cree que es, pero también lo que otro…
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Un lugar perfecto

El sol sale cuando me despierto, siempre hay café y fruta de desayuno. Mi casa se pone a flotar por un cielo que es celeste, atraviesa tormentas para volver a mostrar calma. Antes de salir al trabajo despliego mis alas y doy una vuelta por la cordillera. Me limpio la nieve que descansa en mis hombros, bajo hasta el suelo y camino un rato por los parques. En este lugar un parque es inmediato al otro, entonces uno solo puede adivinar por donde está caminando con la ayuda de los árboles que rodean el camino. Si estás en el parque de Epicuro, los robles marcan tu camino; en el parque de Aristóteles, los olivos crecen frondosos; en el parque de los enamorados, sauces llorones y cerezos en flor se mezclan de forma bipolar.
Esta semana leí un artículo sobre las revoluciones que estallaron este año, parece que ningún movimiento revolucionario se había hecho con el poder hasta ahora, estaban buscando posibles interpretaciones sobre la ciudad y la sociedad por la que estaban luchando. Me parec…

El poste

Hay un poste en el centro del campo, podrías prestar atención y descubrir en estas líneas qué hace allí, quién se tomó el trabajo de arrastrarlo hasta el centro del campo y enterrarlo en la tierra mojada por una breve lluvia de verano. En ese lugar la muerte giró en círculos y dejó una aureola de polvo donde el pasto es incapaz de brotar. Hay un camino de hormigas, hay pájaros que se posan en la cima del poste, pero el día que lo encontré había soledad.
Nunca nos disfrazamos, preferimos hacerlo con la cara descubierta. Pero ese día el hombre llamado Ricardo quiso que el ritual se escribiera con tinta de misterio, bolsas de arpilleras en nuestra cabeza y una copia de un libro censurado.
La víctima salió de su casa a las 07:00 de la mañana, llevaba puesto una campera azul, pantalón de jean y championes blancos. Su familia perdió contacto sobre las 14:00 hrs.
Esa tarde sonó el teléfono. Tenía 14 llamadas perdidas en el celular.
El hombre llamado Ricardo planificó todo la semana antes, me com…

Los díaz de la semana

Mario Díaz venía de Burgos. Sus padres lo habían puesto en un barco hacía Chile donde su hermano mayor estaba trabajando en una mina de cobre. Sin embargo, al ver el puerto de Montevideo, recorrer algunos pocos teatros y descubrir la tranquilidad misteriosa y segura de esta pequeña ciudad, decidió quedarse. Fundó la librería "El Campeador" que estaba por la calle Mercedes, él tenía muy buena memoria y sabía elegir a sus amigos, pidió algunos préstamos y luego de evaluar la conducta de consumo ciudadana, los riesgos y beneficios, optó por los libros. Los montevideanos parecían ávidos de novedades editoriales, así que una vez más, acudió a sus amigos que viajaban a Europa para que volvieran con libros de las principales casas editoriales de Paris, Madrid, Lisboa, Milán. Comenzó a construir una clientela estable, él sabía complacerles muy bien, recordaba los títulos que había adquirido cada uno de sus clientes. Era hábil, sabía conectar a un libro con un cliente. Mario murió de…

Los Permanentes

A Ajovita Fleitas
Dice ella: Esa mañana papá se había ido temprano, volvió tarde. Su cara parecía gris, nunca lo había visto así. Comencé a dar vueltas alrededor de la cama, la rodeaba como un animal preso, los ojos se me llenaron de lágrimas, se nublaron. Tenía 5 años y mi madre se había muerto.
Dicen: Hablamos mucho, a veces dábamos vuelta a los mismos temas, repetía los mismos refranes que en algún momento se había aprendido de memoria, citaba a su padre como si él siempre tuviera una frase preparada para lo que le tocaba vivir.  No recuerdo el momento, solo cuando se la llevaron en ambulancia. Imagino que la hicieron pasar a una sala a esperar su diagnóstico, espero sentada en un asiento frío, sus manos sudadas, sacudiendo las piernas, el escritorio lleno de papeles, la sala con diplomas colgados en las paredes. Imagino que el doctor llegó con una túnica blanca, se sentó detrás de su escritorio y mientras ella temblaba y se aferraba a su cartera, él le dijo que lo suyo era permanente, …

Lunes: DÍA I

A Fede de los Santos
Mirarse en el espejo. Afeitarse las sombras de la barba. Sumergir el rostro en agua tibia. Lavar dientes, encías, lengua. Peinarse. Volver al espejo. Vestirse: elegir otro pantalón, distinto al de ayer. Vestirse: elegir otra camisa, distinta a la de ayer. Vestirse y salir. Caminar hasta la esquina. Esperar el bus. Esperar el bus. Esperar el bus. Tomar el bus. Pagar el boleto. Sentarse junto a la ventanilla. Mirar, reconocer y recordar. Bajarse. Caminar hasta el trabajo. Marcar tarjeta. Saludar. Ocupar un puesto. Mirar el reloj. Trabajar. Hablar demasiado con clientes, jefes, compañeros, máquinas, teléfonos celulares, cigarros, cafés, relojes lentos. Descansar. Almorzar. Masticar. Digerir y volver a trabajar. Fin. Otro turno cubriendo las espaldas. Saludar. Marcar tarjeta. Regresar. En la calle aún huelo a ocho horas. El teléfono celular huele a 24 horas. Perderme en tiendas. Comprar lo necesario. Prioridades: todo es necesario. Lo inútil no tiene intenciones de existir.…

Los días de la semana