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Mostrando entradas de 2017

Cuando Anibal aprendió a tocar la guitarra

No hay tiempo
las ramas de la enredadera se secaron.
No hay tiempo
para que empecemos a morir de amor.
El cielo nos vigila
No volveremos a estar solos.
Nos besaremos por largo tiempo,
nos extrañaremos mientras nuestras sombras se encandilan con la penumbra.

A todas ellas las conocimos en un retiro,
había llovido ese día y la leña estaba mojada.
Nos abrigamos con la piel de un traidor
y mientras soplábamos nuestra sopa
de las montañas bajaban cantaros secos.

No hay tiempo
la tierra se volvió a secar.
No hay tiempo
para que empecemos a vivir las mentiras de este mundo.
El cielo nos vigila
Volveremos solos y derrotados
Nos llenaremos de recuerdos amargos,
nos beberemos todo el vino que derraman las bestias en la penumbra.

A todos ellos los conocimos en casa de Diego,
las paredes tenían humedad y el piso era de arena,
en la sala principal un sauce buscaba romper el techo de concreto.
Nos sentamos cerca,
nos destapamos el pecho mientras Anibal cantaba una canción.
Comimos nuestras lagrimas

Cielos eléctricos

Ella estaba hablando del pasado,
del pasado que sus padres quisieron para ella.
Nosotros estábamos sentados en el muro
nos pasábamos la botella mientras mirábamos la calle vacía.
No necesitábamos ni más ni menos amor,
apenas imaginarnos nuestra propia moral.

Recuerdo que quisimos subir a un árbol para ver estrellas,
era todo lo que necesitábamos,
ver las estrellas y aprender a cantar canciones oscuras,
canciones verdes como las hojas de este árbol,
canciones de amor y de muerte.
Y que todos miraran.

(El tipo que nos recordó por esa frase
en la que íbamos a morir...fue el mismo tipo que no quiso subir al árbol.)

Ella solo puede hablar del pasado,
de su vida y los problemas de otros.
Nosotros estamos tratando de evitar a nuestros padres,
somos hombres y mujeres del presente.
Subiremos a los árboles y traeremos hijos mejores que nuestros padres.
Subiremos tan alto que el cielo nos condenará al encierro,
al igual que los pájaros azules y sus ingeniosos silbidos.
Pero traeremos hijos de la…

El día que una bestia se postró sobre su barriga

Estuve siete días dormido y desperté en la panza de la bestia, estuve nadando con jugos gástricos y piel corrugada, llegué caminando, atravesando tiendas y estacionamientos, atravesé el portal y me subí a su garganta.
Podría escribirte algunas canciones, pero todo es oscuro, los ronquidos de la bestia hacen vibrar estas paredes y mientras saboreo la libertad, la bestia se despierta y nos sacudimos en sus entrañas.
No me escondo, si eso supones, caminé a plena luz del día hasta sus fauces, te saludé antes de enredarme en su lengua, conversamos un rato y nos reímos el día más realista de mi vida.
No me escondo, si eso quieres suponer, hay tanta dualidad en mis discursos últimamente, que las pal abras se parten en dos, hay tantos artistas muertos que no entiendo, no me juzgas por perder el tiempo, sobrevivir es perder el tiempo.
La bestia no despierta, el mal está hecho, Todo lo que puedo ser es lo que será, todo lo que deba ser es lo que será, Sobrevivir es perder el tiempo, sobrevivir, como lo hace la bestia…